Si no hay videojuegos, paso.

Me tengo que poner serio con este tema:
“Vamos a ver, aquí todos somos algo racistas. No es fácil admitirlo, pero es verdad… mirad a vuestro alrededor y veréis que ser un poquitín racista es normal, vamos, que no es ningún crimen contra la humanidad…
Fijáos, fijáos y comprobaréis que el color no nos da igual a nadie. Es duro de asumir, es duro de afrontar… peeeero todos prejuzgamos y ya está.
A ver, que no son grandes prejuicios como a quién contratarías o cosas así… son… pequeños juicios… Sí, pequeños juicios como por qué los empleados de los chinos no aprenden de una puta vez a hablar nuestro idioma.
Además, los chistes estereotipados y llenos de tópicos tienen gracia por la sencilla razón de que dicen la verdad.
Si todos admitéramos que somos racistas y aceptáramos que está mal, porque sabemos que está mal, el mundo cambiaría a mejor. Fijo.
Una sabia mujer japonesa dijo: “Yo no tengo problema en admitir que soy racista. Los judíos tienen la pasta y los blancos son los que mandan y los taxistas indios que me paranno se lavan…” y un negro que pasaba por allí le contestó: “¡A mí ni siquiera me paran los taxis!”
Y ya está.
Todos somos algo racistas pero, eso sí, sin mala fe. Ya es la hora de admitir que todos somos racistas, así que, vamos a dejarnos de fingir para hacer un mundo más feliz.”
Cosas que aprendí cuando estuve viviendo en Avenue Q… :D





































